Neida Sandoval comparte sus bendiciones en la intimidad de su hogar

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Por más de 30 años en la televisión y radio de los Estados Unidos, nos ha demostrado su increíble capacidad de trabajo y profesionalismo como comunicadora. Por sus méritos propios, se ha convertido en la periodista hondureña más condecorada en el extranjero, ganadora de 5 prestigiosos premios Emmy Nacionales, designada como Mujer Humanitaria de las Américas por World Vision y la fuerza sin tregua de numerosas obras sin fines de lucro. No en vano fue elegida como Embajadora de la campaña nacional de Toyota, JUNTOS SOMOS IMPARABLES, destacando el valor y aportaciones de los hispanos.

Pero esta vez, en exclusiva, Neida para por unos momentos su ajustada agenda, para abrirnos su hogar e íntimamente contarnos sus bendiciones en estas fechas tan entrañables.
La sala de su casa está llena de recuerdos e imágenes de su vida y la gente que más quiere. Es como un “templo” que ella solo le brinda a esos seres predilectos a los que Neida les abre su corazón.   

  

Neida, ¿quiénes han sido tus mentores en tu carrera profesional, que te influyeron más para ser la persona que hoy eres?.

Pienso que me convertí en periodista por influencia de mi papá, Abener Sandoval. Él vivía escuchando siempre noticias en la radio por onda corta. Quería la información veraz y objetiva, y lo mismo escuchaba la Voz de América que Radio Moscú y otras. En casa por años no tuvimos televisión y yo crecí así. Sin apenas darme cuenta, eso me influyó en todo lo que yo he hecho en la vida. Mi mamá me motivó siempre a estudiar y no perder mi esencia y mi papá me enseñó a soñar en grande y enfrentar los retos.

Mi padre fue marino mercante cuando joven y viajó por todo el mundo, era un aventurero. Me contaba cosas fascinantes de lugares que había visitado como: India, Argentina, Australia, Estados Unidos y muchos sitios.

Cuando niña nunca pensé en ser periodista, soñaba con ser doctora, y para costear mis estudios  de medicina una vez graduada del bachillerato, empecé a trabajar vendiendo cosméticos en varias casas distribuidoras en Tegucigalpa. Ese fue mi primer trabajo. Sin embargo, era muy tímida y así tras un mostrador aprendí a enfrentar al público. Durante esa época conocí  al productor de televisión y cantautor hondureño, Alberto Valladares. Él me ofreció trabajar en una película de Navidad, yo entusiasmada le dije que sí. Desde joven amaba el teatro. Dejé los cosméticos y me fui a la filmación. Hice el papel de la Virgen María en su película Porque un Niño nos es nacido. Más tarde participé en otras de sus películas, así decidí cambiarme de carrera e ingresé a estudiar a la Escuela de Periodismo de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras. Por ocho años trabajé en la televisión y radio en Honduras en programas gubernamentales. Comprendí que era lo que yo amaba y que tenía talento para la comunicación. Cuando me casé con David y emigré a los Estados Unidos, en 1987, aprendí a ser periodista, reportando y entrevistando en las calles en estados como Nuevo México y Texas.  Aquí por primera vez me dijeron inmigrante, hispana, y latina, porque hasta entonces solo había sido hondureña. A lo largo de mi carrera hubo personas que estaban en las grandes cadenas televisivas que me dieron importantes oportunidades que me permitieron conquistar el sueño americano. El tiempo me ha demostrado que tú puedes soñar, aspirar en grande y entender que todo eso es posible. Ese es mi mensaje para los jóvenes.

Ahora que hablas de los jóvenes, ¿qué ideas les transmites a tus hijos?.

Me gusta que mis hijos sean independientes. Trato de inculcarles que aprendan a generar un modo de vida haciendo lo que les gusta hacer, que sean felices, que no esperen a ser mayores, en la tercera edad, para empezar a hacer eso que les gusta. Quiero que tengan estudios y títulos que les avalen, que les abran las puertas en los trabajos, pero que no sea su fin, sino un medio para ser felices a temprana edad, sin esperar a los cuarenta o cincuenta para empezar a descubrirse.

¿Cuál es tu mayor reto ahora como madre de niños que empiezan la adolescencia?

Competir con la tecnología. Está a su alcance y de eso no tengo control. Mantener la comunicación abierta. Comparto mucho con ellos para tratar de orientarlos, y que no crean toda la información que reciben y manejan, que no queden atrapados y que la usen para su beneficio…

¿Les limitas el tiempo que pueden usar la tableta o el teléfono?

Ya a los 15 es más difícil, pero estoy atenta al uso que le dan. En la noche a cierta hora les retiro los aparatos electrónicos para que duerman. No existe una forma perfecta de criar a los hijos. Este es el mundo que les ha tocado vivir. Es importante hacerles pensar antes de que tomen una acción, para que sepan las consecuencias que pueden tener, que puede marcar positiva o negativamente sus vidas.

¿Cuál ha sido el mejor consejo de tu madre?.

El de ser auténtica y a no ser dura conmigo misma. Entender que todo pasa. Hay una frase que ella me repite y quiere que yo me lleve conmigo: “Hija, hay que aprender a vivir”. Esa frase es muy poderosa para mí. Es más, yo desarrollé una charla que titulé El arte de aprender a vivir, mis quince reglas de oro. La llevé ante más de trescientas mujeres empresarias en El Salvador y quiero seguir compartiéndola  con más mujeres aquí en los Estados Unidos.
Entender que los cambios tienen un propósito, y se pueden convertir en ganancia.  

¿Te falta algún sueño por cumplir?

Me falta escribir unos libros sobre mi vida y mis experiencias personales que puedan ser fuente de inspiración para otros, porque es importante darnos fuerzas mutuamente, ya que lo que marca la diferencia en los momentos críticos, es la actitud que tomamos en cada experiencia. Me falta construir mi casita de retiro en Honduras. Hay aún muchos sueños por cumplir.  

Ahora en Acción de Gracias y Navidad, ¿con quién o con qué te sientes agradecida y qué no puede faltar en tu mesa?.

Me siento agradecida por la vida que me ha tocado vivir. Porque en cada paso que he dado, ha habido más luz que oscuridad. Tengo una familia espectacular, que ha sabido fortalecerse a través de situaciones críticas. Mis hijos son amorosos y han desarrollado una conexión especial conmigo y con su papá quien se recupera desde hace 15 años de 3 derrames cerebrales y un ataque cardiaco.

Tengo una relación estrecha con mis hermanos a pesar de estar 30 años separada físicamente ya que soy la única que vive fuera de Honduras. Tener viva a mi mamá, Aída Rivera de Sandoval, que va a cumplir 90 años, es una bendición y ella es como un roble. Nos sigue abrazando con fuerza, con la emotividad que lo hacía como cuando éramos niños. Me siento muy bendecida. Mi familia es lo que no puede faltar en Acción de Gracias  y Navidad. Ver a mis hijos y mi esposo sentados a la mesa. Ellos son mi “platillo predilecto”. Tener una buena charla, reír, elevar una oración juntos, escucharnos, compartir. Ese es todo el alimento que yo necesito.  

 

Los pequeños hijos mellizos, Aliene Aida y Abener David, ya son unos adolescentes. Ellos junto con su esposo, desde hace 30 años, el veterano del ejército de EEUU, David Cochran, son el centro de la familia de Neida Sandoval en Navidad y todos los días de su vida.